lunes, 18 de octubre de 2010

Qué bien que al olor de la flor se le olvida la flor


Las contradicciones humanas tienen ese qué se yo… Encantadoras. Intolerables otras veces. Depende el enfoque del momento. En general, las cosas simples, no nos terminan de cerrar. Y no debería ser así. Menos es más. La belleza de lo simple supera la complicación más magnífica. Antiguamente, tenía yo un problema por ejemplo con la palabra “armonía”. Me recontra molestaba. Pasaron algunos años, y dejó de causarme ese efecto. Será porque ya no me interesan las hipocresías, de si por qué fulano piensa tal cosa y opina tal otra, o porque no me interesa quedar bien con nadie. Con que quede bien conmigo misma, y no hiera sentimientos, yastá. También llegué a que la única armonía verdadera es la de la naturaleza. Incluye tormentas, cielos despejados, animales carnívoros, pestes como los mosquitos y las cucas, y también flores super recontra diversas y hermosísimas que, aun muriendo, dan un perfume…

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